Mora Godoy planteó el desafío de fusionar tango y milonga con candombe y música electrónica, en escenas tangueras que van desde lo tradicional hasta Piazzolla, con toques diferentes, y un único fin:
«Quitarle al tango su melancolía».
La osadía de la coreógrafa logra su cometido, devolvió al tango a sus raíces portuarias del Río de la Plata .
Con la suavidad característica de este género que exhala sensualidad en la lentitud y profundidad de sus movimientos, cada paso estrecha a los bailarines en un abrazo que deja escapar cortes y ochos. Parejas que se transforman en tríos, hombres que bailan sin ellas, y pasos que se dibujan en el aire, con sonidos de timbales y bandoneón, pero con la cadencia del tango.
Todos juntos con la misma fuerza, en un mismo abrazo. Sin más discursos que la música y los cuerpos.